El Tejar

Educadora: Karina Fernández
Niñxs: Nicolás, José María, Agustín, Victoria May, Joaquín, Amelia, y Martín

La montaña del Cabogana hace parte de la cordillera Andina que abraza la ciudad de Cuenca. Para llegar al Cabogana se recorren caminos que poco a poco suben revelando complejos paisajes llenos de contraste que forman el valle de la ciudad. La Escuela Itinerante trabaja en dos jardines del Cabogana: Racar y el Tejar.
 
Antiguos poblados cargados de tradición y memorias (natural/cultural) se asientan en las faldas del Cabogana al mismo tiempo que el desarrollo urbano crece y ahoga su ruralidad tradicional. Los hornos tradicionales de ladrillos y tejas estan etrelazados con tiendas de abarrotes, sitios de comida que se mezclan entre comida tradicional y fast-food, café-net y un  enorme almacenamiento para uno de los principales centros comerciales de la ciudad.

La escuela itinerante nos relaciona con espacios que parecen olvidados.

Nos aproximamos al  jardín del Tejar y su abundancia: césped, árboles, carros viejos, una casa deshabitada, sus historias, y sobre todo los encuentros con las gallinas y gallos.

Nos llama la atención como las gallinas huyen de nosotros, casi como si  fuéramos sus obstáculos. Nos atraen sus ritmos, cómo comen, beben, cómo se alejan de nosotros, cómo caminan (lo que nos parece) al azar, intentan volar, cuidarnos, pelear, anidar. Observamos con más atención.

Estos encuentros nos obligan a repensar el tiempo y trabajar con las temporalidades de las gallinas y gallos. Nos damos cuenca de las dificultades de encontrarnos con el ajetreo de las gallinas y gallos.

Tomamos esta dificultad como una invitación pedagógica a desacelerar para atender con cuidado a estos animales y sus formas de ser.

Buscamos medios para acercarnos a ellos y encontrar proximidad dentro de nuestras diferencias:   creamos senderos con maíz para que puedan llegar donde estamos. Imitamos los sonidos de las gallinas. Nos escondemos para observar atentamente los movimientos de los gallos mientras comen.

Una forma de relacionarnos con las gallinas, es pensar sobre lo que compartimos.

Nos agachamos al igual que ellas, tomamos el maíz con nuestros dedos pulgar e índice con un movimiento que se asemeja a sus picos. En esta observación pausada y detenida, notamos singularidades. Algunas gallinas se acercan, otras comen el maíz que les ofrecemos, otras buscan donde esconderse. 
  
A través de imitar el sonido del “toc toc toc” Joaquín motivado por Kari la educadora, se  atreve a preguntar a las gallinas si desean comer.
  
 “Sí quieren comer, pero quieren que nos vayamos, quieren comer ellas solas.” – Joaquín 

Esta hipótesis  genera un diálogo entre lxs niñxs en las que más ideas empiezan a surgir, reconociendo situaciones de la vida cotidiana con las que nos podemos relacionar con las gallinas:

Mi mami se puso brava porque mi ñaña me molestó, como la gallina mamá cuando les molestamos a los pollitos. – Joaquín

Y si le ponemos un palito en la pata de la gallina como yo vi a un señor que se había roto la pierna y no podía caminar bien. – Martín


Mi abuelita está medio enferma y ahora quiere pasar solo echada, como la gallina dormilona. – Victoria May


Yo puedo pasar comiendo como el gallo, me encanta la comida que me dan. – Agustín


Mi mami me cuida mucho como esa gallina. – Amelia


En el sol da ganas de esconderse en un lugar con sombra como el gallo. – José María

Notamos nuestras propias singularidades, a través de aquellas situaciones en las que miramos similitudes con las gallinas y gallos. Diferencias y  semejanzas nos relacionan y nos aproximan.

Las patas de la gallina

A través del dibujo seguimos intensificando el encuentro con la singularidad de la pata de la gallina y su movimiento. Martín se sube en la mesa con el palo-pata, en momentos lo mantiene quieto mientras los demás dibujan, luego lo invita a moverse, generando en el encuentro de la mesa con el palo-pata un ”toc toc toc”, similar al sonido que antes imitaban con su voz para comunicarse con las gallinas.

Victoria May encuentra un palo y enseguida nota las similitudes del palo con las patas de las gallinas.

El palo proyecta una sombra en el piso. Tres líneas delgadas que se encuentran con una línea más gruesa y larga. Al mismo tiempo, la pata de la gallina proyecta una sombra en el piso. Las similitudes son sorprendentes. Luego, colocando el palo en su mano, Victoria May nos invita a imitar los movimientos de la gallina. Su andar se aproxima al andar de las gallinas. Victoria May prueba diferentes formas de caminar.

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Agustín, trae de casa  garras que se  asemejan a las patas de las gallinas, las que cuidadosamente, pega con cinta adhesiva a sus manos, como sí, a través de esta extensión, estuviera experimentando con una forma diferente de ser. A través de su invitación, todos seguimos imitantdo los movimientos de las gallinas.

Agustín nota que las gallinas no caminan de la manera en la que él les imita.

Si bien sus movimientos son pesados y torpes, las gallinas caminana suave y ligeramente en sus puntas.

Nos comprometemos a notar más de cerca los movimientos de las patas de las gallinas.

Así la idea de Agustín nos lleva a pensar  en las huellas que las gallinas dejan al caminar.

 Con nuestros artefactos,  tratamos de recrear su caminar.

La pintura nos ayuda a visibilizar los rastros que nuestro artefacto deja sobre el papel. Observamos que cada paso deja una huella diferente y ponemos atención a estos movimientos.

Las Singularidades de las Gallinas:
A través de estos  múltiples encuentros cambiamos la forma en la que describimos a las gallinas. Nos movemos de las  definiciones genéricas (son blancas, son negras, tienen plumas…) a describir la  singularidad que notamos en cada gallina. Como una  consecuencia de las relaciones que hemos creado con cada una de ellas.

La gallina temerosa que huye de los gallosMartín

El gallo con su gran cresta y barbilla intriga a lxs niñxs. Lo llaman gallo mandón, ya que estos animales grandes denotan fuerza y ​​autoridad.

El gallo herido, preocupa a lxs niñxs sobretodo. Este gallo no puede pararse con los dos pies, siempre se encuentra levantando su pierna lesionada.

Se para sobre la comida para que no le quiten los otros. – Jose María 
La gallina que cuando come, hace un sonido y llama al resto – Joaquín
Él pelea con otros gallos y gallinas para comer más. – Martín
Raspa con su pata y a los otros les da miedo y se van. – Joaquín

Un encuentro con la arcilla:

En el jardín hay una larga zanja que cuando llueve se transforma poco a poco en un lugar en un lugar lleno de lodo. Lxs niñxs se sienten atraídos por esta zanja y utilizan su barro para crear figuras que evocan las presencias del jardín.

Joaquín decide sentarse junto a la zanja  y crear el gallo con barro. Sosteniendo el barro en sus manos y usando repetidamente movimientos circulares, lentamente da forma al cuerpo de los gallos en una representación en miniatura. Coloca una pequeña piedra para la cabeza del gallo y encuentra palos diminutos en el jardín que usa para las patas cortas del gallo.  Joaquín  dedica mucho tiempo a crear cuidadosamente esta figura. Notamos su cambio en sus formas de estar en el jardín: se detiene, presta mucha atención, se preocupa. Ciertamente, la figura que sostiene en sus manos abunda en las historias y vivencias que llevan meses sucediendo en este jardín.
La gallina que solo quiere estar acostada porque es la mayor. – José María
El gallo que tiene una pata dañada, 
y no le deja estar parado sin tener que alzar la pata
– Nico
El gallo que quiere pasar comiendo porque tiene mucha hambre todo el tiempo como yo – Agustín
La gallina mamá que cuida y protege a sus pollitos y se pone brava – Victoria May

La gallina mamá de los pollitos –
Amelia

Prestamos atención a los picoteos, el ritmo y la simbiosis entre el gallo y el maíz. Podemos notar una sincronía entre el picoteo y la forma en la que el maíz penetra en su pico. Al picotear algunos se escapan, el gallo continua sin detenerse se mantiene en esta sincronía.  Mientras el maíz dando algunos saltos entra y pasa através de su pico, sus ojos miran atentamente al siguiente grano de maíz.

La gallina de los pelos parados

A medida que profundizamos nuestras relaciones con el gallo y otras gallinas, notamos que la gallina de los pelos parados es la única que en los últimos dos meses ha decidido acercarse lentamente a nosotros. Notamos que siempre está sola, lejos del resto. Las demás la persiguen y no la dejan comer. Lxs niñxs sugieren que esta gallina despeinada tiene miedo.

Nos convertimos en cómplices al decidir proteger a esta gallina especial mientras come.

Poco a poco creamos una relación cercana con ella. A diferencia de las otras gallinas, todos los días se nos acerca, nos toca y nosotros la tocamos. El calor de nuestras manos se encuentra con la delicadeza y el calor de sus plumas. Cuando la levantamos, nuestras manos sienten los latidos de su corazón. Estamos emocionados, pero también inquietos por esta extraña sensación.
 
 Las gallinas y lxs niñxs se afectan entre sí.

Los huevos y la vida

A medida que seguimos a las gallinas, notamos que las gallinas se dedican y cuidan intensamente los huevos. Nos esforzamos por encontrar los huevos, ya que las gallinas eligen lugares aislados y ocultos para poner sus huevos. Lxs niñxs sugieren que los huevos encierran misterios que los intrigan.

Martín: ¿Cuál fue la gallina que puso los huevos que encontramos?

Mientras reflexionamos sobre esta pregunta, decidimos que si hacemos los nidos y se los ofrecemos a las gallinas, las gallinas vendrán a poner los huevos mientras las observamos.

Después de unos días de esperar y observar sin éxito, lxs niñxs comienzan a preguntarse sobre el interior de un huevo.
Nos preguntamos sobre la experiencia de estar dentro de un huevo: ¿Qué sucede dentro de un huevo?  Cestas de paja y telas de color amarillo y café, nos permiten personificar y experimentar con esta pregunta,  Atraídos por estos elementos un grupo de niñxs se acercan y se enrollan en la tela. Se sientan juntos unos con otros, sus cuerpos sienten el calor del otro, la tela hace cosquillas. Primero sienten comodidad, la transparencia de la tela les evoca la imagen de estar nadando dentro, de juego. Poco a poco esa sensación pasa a sentirse incómoda y entonces se conecta con la necesidad de salir. 

Están muy cómodos adentro. – Joaquín
Tienen frío si salen – Martín
Es como estar en la barriga de la mami. – Ame
Están nadando adentro y no quieren salir. – Agustín
No quieren que les quiten sus juegos. – José María
No quieren salir porque si nadie les cuida se mueren. – Nicolás
No pueden salir porque se están formando. – Joaquín

Cuando son pollitos dentro del huevo, no pueden moverse mucho y quieren que su mamá les haga todo. Luego cuando ya se cansan, quieren salir y aprenden a pararse; rompen el huevo y se van a hacer lo que ellos quieran, pero junto con sus papás. Victoria May

Invitamos a lxs niñxs a continuar pensando con estas ideas a través del dibujo. Dibujamos la vida dentro de los huevos. 

Los huevos son como la barriga de las mamás. – Martín
No son como la barriga, ellos nacen diferente a nosotros. –
José María
Ellos crecen en el huevo y cuando ya están grandes y no pueden estar cómodos picotean el huevo para romperlo y así salir. –
Agustín

La gallina mamá

Mientras especulamos sobre los misterios de lo que ocurre dentro de un huevo y como si la gallina hubiera escuchado nuestra pregunta, una mañana,  nos sorprende emergiendo de debajo de un viejo carro con 10 polluelos.

Escuchamos sonidos que nos llaman la atención, despacio y sin hacer ruido caminamos y nos encontramos con la gallina y sus pollitos. Nuestra presencia es incómoda para la gallina y trata de ocultarlos bajo sus alas. Tenemos que ser muy cuidadosos cuando tratamos de verlos ya que su mamá gallina es muy protectora. Con ruidos parecidos a los que escuchamos tratamos de llamarlos pero los pollitos se esconden bajo el carro.

La gallina mamá y sus pollitos, tienen una dinámica muy diferente al resto de gallos y gallinas. Los pollitos no se despegan de ella, siempre caminan a su lado y ésta les da la comida en sus picos. Cada vez que encuentra alimento les llama para reunirlas y darles de comer.

Lxs niñxs también intentaron alimentar a los pollitos imitando a la gallina. Estos encuentros crearon tensiones mientras la gallina trataba de cuidar a los pollitos.

Yo me acerqué a dejarles agua y la gallina pensó que me quería robar a sus pollitos, abrió las alas y me saltó para que me fuera corriendo. Me asusté mucho pero creo que ella se asustó más porque yo grité y ella regresó a estar con sus pollitos. – Victoria May

Yo quise cogerle a un pollito, pero la gallina me atacó con sus patas en el pecho, me asusté y corrí pero la gallina se enojó mucho. – Martín

Acercamientos con la Vida y la Muerte

Una mañana encontramos un pollito que camina solo, su mamá ya no le acompaña y esta lejos del resto. Está débil y cansado, camina lento y sus alas parecen colgar de su cuerpo, no tiene fuerza y decidimos ayudarle. Intentamos darle de comer colocando maíz y agua en nuestras manos. Le cubrimos del frío con plumas, simulando las alas de su mamá gallina.

Conforme pasa la mañana, el pollito cada vez esta más débil. Notamos que ya no abre los ojos y que sus patas cada vez soportan menos el peso de su cuerpo.
El pollito parece dormido pero creo que ya no está respirando bien. – Martín
Su cuerpo está temblando y es porque ya se va a morir. –
Nicolas
Acostémosle tía a que este mas cómodo, así podría descansar y ponerse bien. –
Victoria May
La tensión que hay entre lxs niñxs es una combinación de esperanza y resignación, creen que podrán ayudarle pero a la vez al notar como fue haciéndose más débil, saben que sin su mamá los cuidados nuestros no son suficientes.

El pollito deja de respirar, y su cuerpo se pone muy rígido y se desploma. Su cuerpo ya no es suave sino duro, solamente sus plumas son suaves.
Inmediatamente Nicolás llama a sus amigos, les cuenta que el pollito se murió porque su cuerpo se puso muy duro, todos tocan al pollito y entre ellos se  dan cuentan que ya no respira porque no se mueve.
Se va a ir al cielo porque ya su cuerpo no se mueve. – Joaquín

A donde van los pollitos cuando se mueren? –
Amelia
Le quitan las plumas que le cubrían porque ya no son necesarias. Pensamos ahora en que vamos a hacer con el pollito.
Tenemos que enterrarle al pollito pero no sé como. – Martín

Al mismo tiempo que vivíamos estos procesos de vida y muerte, el jardín de El Vergel también pensaba en estos rituales. En El Vergel, lxs niñxs creaban urnas ancestrales de arcilla (recipientes ancestrales para el final de la vida).

Escribimos una carta a lxs niñxs de El Vergel para compartir la triste muerte en nuestro jardín. Lxs niñxs de El Vergel respondieron creando y enviándonos una urna de barro.

Intercambiamos pensamientos sobre la muerte y cómo enterrar al pollito de manera que no lo olvidemos.

¿Cómo vivirá en otro lugar?”- Agustín
¿Existe vida a pesar de estar muerto?” – Martín

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Nos detenemos a mirar la vasija vacía.

En ella colocamos al pollito, surgen diálogos acerca de qué es lo que el pollito podría llevarse con él. Un poco de maíz y un dibujo de su mamá. Una vez lista la vasija, le damos un lugar en la esquina del jardín.